
Las protestas en Irán comenzaron el 28 de diciembre de 2025, impulsadas por la crisis económica y la depreciación del rial iraní. Sin embargo, rápidamente se convirtieron en un movimiento contra el régimen teocrático. Las autoridades respondieron con una represión violenta, utilizando armas de fuego y detenciones masivas.
Según CBS News, fuentes internas de Irán estiman que entre 12.000 y 20.000 personas podrían haber muerto en las protestas. La cadena de noticias estadounidense verificó imágenes de cientos de cuerpos apilados en morgues de Teherán y señaló que médicos y activistas temen que la cifra real sea aún mayor.
La represión ha sido brutal, con testimonios de testigos que describen el uso de munición real y ametralladoras contra manifestantes. Las fuerzas de seguridad también han realizado allanamientos nocturnos y detenciones arbitrarias, y han sometido a muchas personas a desaparición forzada y reclusión en régimen de incomunicación.
El secretario general de la ONU, António Guterres, expresó su «conmoción» por los reportes de uso excesivo de la fuerza. La Unión Europea también ha anunciado que propondrá sanciones urgentes contra Irán por la represión letal a las protestas


