
El sismo de magnitud 6.0 registrado frente a la costa de Chimbote la noche del 27 de diciembre con epicentro a unos 67 km al oeste de la ciudad pesquera, fue percibido también en regiones como Áncash y La Libertad, dejando al menos 44 personas heridas, decenas de viviendas con daños estructurales —
algunas inhabilitadas— y afectaciones en hospitales, centros educativos y comercios.
La secuencia sísmica continuó en los días siguientes al movimiento principal, con múltiples réplicas registradas por el Instituto Geofísico del Perú (IGP), incluyendo un evento de magnitud 4.1 aproximadamente una hora después del sismo de 6.0, otro de 4.3 en la medianoche del 28 de diciembre, una réplica de 5.1 grados por la tarde del 28, así como movimientos de 3.8 y 3.9 grados más tarde esa misma jornada, sumiendo a la población en una sensación constante de alerta y preocupación ante cada nuevo movimiento.
Este 30 de diciembre, un nuevo sismo de 4.1 grados volvió a remecer la zona cercana a Chimbote, recordándole a vecinos y autoridades que la actividad telúrica permanece activa. Las constantes vibraciones han generado que muchas familias prefieran pasar las noches en espacios abiertos por temor a posibles réplicas más fuertes, mientras las instituciones de defensa civil instan a reforzar los protocolos de seguridad y evacuación.
Las consecuencias del temblor principal y sus réplicas han sido palpables en comunidades, donde el miedo a nuevos daños estructurales se mezcla con la ansiedad por los efectos acumulados en viviendas, infraestructuras básicas y servicios de salud. La percepción de que la tierra “no ha dejado de moverse” ha llevado a reforzar la coordinación entre municipios, COER e Indeci para evaluar y mitigar riesgos en las zonas más vulnerables.


