Cusco: siete vidas perdidas en medio de incendios forestales

Aniceto Quispe Huanca, de 65 años, murió tras intentar combatir las llamas que avanzaban por Acomayo.

El fuego no solo está arrasando con los campos de Cusco: también está cobrando vidas. Aniceto Quispe Huanca, de 65 años, se convirtió en la séptima víctima mortal de los incendios forestales registrados este año en la región. El adulto mayor falleció la madrugada del jueves 15 de octubre, después de sufrir quemaduras en el 90 % de su cuerpo cuando intentaba sofocar un incendio en la provincia de Acomayo.

Lo que comenzó como un intento de enfrentar las llamas terminó en una tragedia. El poblador fue alcanzado por el fuego en la comunidad de Santo Domingo, distrito de Acopía, y trasladado al Hospital Regional del Cusco, donde permaneció en estado crítico. Pese a la atención médica recibida, la gravedad de sus lesiones le arrebató la vida.

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Una lucha desigual contra el fuego

Su muerte vuelve a poner en evidencia el enorme peligro que enfrentan las comunidades rurales cuando los incendios avanzan sobre sus terrenos de cultivo y espacios de trabajo. Ante el temor de perder lo que han construido durante años, algunos pobladores intentan contener las llamas con sus propios medios, exponiéndose a consecuencias irreversibles.

El caso se suma a otras pérdidas que han golpeado profundamente a Cusco, entre ellas la de dos hermanos de 11 y 18 años que fallecieron tras sufrir graves quemaduras durante otro incendio forestal en Pomacanchi, también en Acomayo.

Detrás de las cifras hay familias que han perdido a sus seres queridos y comunidades que continúan enfrentando la amenaza del fuego. La reiteración de estas tragedias plantea una pregunta urgente: ¿cuentan las poblaciones rurales con brigadas, equipos y mecanismos de respuesta suficientes para evitar que sus habitantes tengan que exponerse de esta manera?

Siete fallecidos y una emergencia que exige respuestas

De acuerdo con los reportes difundidos el 15 de octubre, Cusco registra siete personas fallecidas por incendios forestales durante 2026, además de cientos de emergencias y miles de hectáreas afectadas.

En el caso de Aniceto Quispe, los médicos explicaron que su estado crítico impedía trasladarlo de manera segura a Lima. La gravedad de las quemaduras provocó complicaciones que finalmente terminaron con su vida.

Mientras tanto, la sucesión de incendios exige una respuesta coordinada y oportuna para proteger a las comunidades más expuestas. Resulta fundamental establecer cuántas brigadas especializadas están disponibles, qué localidades necesitan refuerzos y qué medidas se están adoptando para impedir nuevas pérdidas humanas.

Porque ningún poblador debería tener que elegir entre proteger sus tierras y poner en riesgo su propia vida.

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