
Ocho días después del brutal secuestro del empresario Jenss Lara Tantaquilla y el cruel asesinato de sus cuatro agentes de seguridad, su familia vive bajo un extremo resguardo en la exclusiva urbanización El Bosque, en Trujillo. Su vivienda, una imponente estructura de cuatro pisos, se ha convertido en un auténtico ‘búnker’ rodeado de cámaras de videovigilancia y custodiado permanentemente por un numeroso contingente de seguridad privada y efectivos policiales. El hermetismo y la tensión en la zona son tan altos que, durante un reciente acercamiento de la prensa, miembros de seguridad, de nacionalidad peruana y venezolana, rodearon de manera intimidatoria a los periodistas, intentando arrebatarles sus equipos de grabación y obligándolos a solicitar la intervención de una patrulla de serenazgo cercana.
El ostentoso patrimonio del clan Lara Tantaquilla, liderado por el patriarca Eleuterio Lara, ha sido puesto bajo los reflectores de las autoridades. La familia, que forjó su fortuna desde cero en el negocio minero informal, ha logrado constituir nueve sociedades, moviendo cientos de toneladas de mineral hacia poderosas empresas del país y adquiriendo un terreno de 400 hectáreas para explotación. Su alto poder adquisitivo se refleja directamente en su flota vehicular: Jenss Lara fue interceptado en una camioneta valorizada en US$ 100.000, mientras que su hermano Johann conduce una Chevrolet Silverado 2023 de US$ 150.000. Asimismo, su hermana Jessica Lara registra tres vehículos a su nombre, y el patriarca ha ostentado múltiples camionetas de alta gama en los últimos años, además de ceder la vivienda principal de El Bosque como adelanto de herencia.
Sin embargo, esta fulgurante riqueza los ha convertido en el blanco principal de la sanguinaria codicia de las organizaciones criminales de La Libertad. Según el curso de las investigaciones, frente a las constantes amenazas y el feroz ataque perpetrado por ‘Los Pulpos’, Johann Lara habría recurrido a la banda rival ‘La Jauría’ en busca de protección armada. Esta peligrosa presunta cercanía con redes delictivas revela la oscura paradoja de los Lara Tantaquilla: un clan al que el dinero producto de la extracción minera le llega a raudales, pero que hoy se ve obligado a vivir atrincherado en el miedo.


