
La severa ola de calor que azotó a Europa a fines de junio ya es considerada una de las peores de su historia y redefinirá el impacto de las crisis térmicas en el continente tras dejar un saldo de miles de muertes adicionales. De acuerdo con organismos internacionales, el fenómeno superó al catastrófico episodio de agosto de 2003 al alcanzar a más de 410 millones de personas. La gravedad de este evento meteorológico radica en su inusual fecha y en su extrema intensidad, causadas por un implacable domo de aire cálido proveniente de África que afectó rápidamente a más de dos tercios de la población europea.
En países como Francia, la emergencia climática pulverizó todos los registros al reportar 114 episodios superiores a los 40 °C en tan solo dos semanas, derivando en más de dos mil muertes en exceso. Por su parte, España lamentó al menos 1.028 fallecimientos asociados al calor en junio, mientras que naciones como Alemania, Polonia y Hungría alcanzaron las temperaturas más altas de toda su historia. Científicos climáticos advirtieron que esta tragedia habría sido prácticamente imposible sin la influencia del cambio climático global, el cual intensifica de manera sostenida estos mortíferos fenómenos.

