
El trágico fin de una década sin violencia letal
El país enfrenta un alarmante recrudecimiento de la violencia contra la libertad de prensa. Luego de sumar casi diez años sin registrar asesinatos de comunicadores en el ejercicio de sus funciones, un periodo donde las agresiones se limitaban mayormente a amenazas, acoso judicial o asaltos físicos, al menos cinco periodistas han sido víctimas mortales del sicariato. Estos crímenes comparten un patrón preocupante: todos se han perpetrado en regiones del interior del país, escenarios donde el imparable avance del crimen organizado y la constante fiscalización a los poderes políticos locales exponen a los investigadores a un altísimo nivel de vulnerabilidad.
Las cinco víctimas en la mira de las mafias
Los recientes homicidios se ejecutan bajo la fuerte sospecha de ser represalias directas por la labor informativa. En esta trágica lista figura Susy Aponte Polo («China Polo»), acribillada en Áncash tras denunciar casos de corrupción y recibir amenazas desde penales; Gastón Medina Sotomayor, asesinado en Ica por sus críticas a la gestión de autoridades locales; y Fernando Núñez Guevara, director de Kamila TV, interceptado en Pacasmayo (La Libertad) mientras fiscalizaba obras públicas. A ellos se suman los lamentables casos de Raúl Celis López, victimado a balazos en Iquitos (Loreto) cuando se dirigía a trabajar, y Mitzar Castillejos Tenazoa, periodista radial que falleció en Ucayali tras agonizar durante varias semanas producto de un brutal ataque armado.


