
El partido político «Todo con el Pueblo» atraviesa una grave crisis producto de un enfrentamiento interno que divide a la agrupación en dos facciones irreconciliables. Por un lado, se encuentra el bloque liderado por el expresidente Pedro Castillo y su entorno más cercano, mientras que por otro está la estructura orgánica representada por el secretario general, Nicolás Bustamante. Según el dirigente y exministro, Castillo intenta manejar la organización como si fuera un sindicato, imponiendo decisiones unilaterales e intentando asumir la presidencia del partido sin respetar los estatutos ni convocar a un congreso nacional formal.
A las críticas de la dirigencia se suman las denuncias de Jaime Vásquez Castillo, sobrino del exmandatario, quien acusa una profunda desorganización y malos tratos dentro de la agrupación. Vásquez sostiene que su tío se encuentra aislado en el penal Barbadillo y toma decisiones erradas bajo la influencia de personajes con intereses propios, como la diputada electa Catherine Palomino. Según los testimonios, Palomino controlaría el acceso y las visitas al penal, acaparando el poder interno para beneficiar su propia agenda e impulsando las divisiones y las recientes expulsiones de dirigentes disidentes.
La fractura interna ha tenido consecuencias devastadoras para el futuro electoral y la legalidad del partido de cara a los comicios regionales y municipales de octubre próximo. Debido a la falta de consenso entre ambas facciones, el Jurado Nacional de Elecciones desestimó su intento de alianza con Juntos por el Perú por carecer del aval del comité ejecutivo. Al verse obligados a postular en solitario, la pugna provocó que solo lograran inscribir 11 listas provinciales de las 36 mínimas requeridas por ley, un fallo que condena a la agrupación a perder su inscripción oficial.


