
El congreso CONAMIN dejó claro que el Perú cuenta con una cartera minera superior a los 60.000 millones de dólares, una inversión crucial para generar empleo directo. Sin embargo, Ricardo Michel Araujo, director de operaciones de Summa Gold, advirtió que la excesiva burocracia ya provocó que la República Democrática del Congo nos desplace al tercer lugar como productor mundial de cobre. El éxito del país africano radicó en destrabar la permisología y poner proyectos en producción en menos de diez años, una agilidad que el Perú urge replicar para evitar la fuga de inversionistas hacia plazas más competitivas como Chile, Canadá o Australia.
A pesar de las trabas regulatorias, las cifras demuestran que la minería se mantiene como el pilar macroeconómico indiscutible del país. Para este 2026, se proyecta que el Perú supere los 100.000 millones de dólares en exportaciones totales, donde el sector minero aportará entre el 65% y el 70% de dicho valor. Este impacto se traduce además en el control de más del 15% del PBI nacional, la atracción del 16% de toda la inversión privada y el consumo de la mitad de la energía eléctrica del territorio peruano, consolidando su rol como el principal dinamizador de los recursos fiscales del Estado.
El gran desafío actual radica en transferir eficazmente esta bonanza económica hacia el ciudadano de a pie y las comunidades del área de influencia. Ante la lenta respuesta estatal, Araujo destacó que Summa Gold se ha fijado la meta de ejecutar el 80% de su impuesto a la renta mediante la modalidad de Obras por Impuestos. Esta herramienta descentralizada busca romper la brecha social y, en sintonía con el consenso alcanzado en Trujillo junto a líderes del sector, articular de forma real el triángulo estratégico compuesto por la empresa privada, el gobierno y las comunidades locales.


