
Todo comenzó en 2006, cuando el penal buscaba docentes para implementar el nivel de educación secundaria. La hermana Rocío se ofreció voluntariamente para asumir ese reto. “En ese entonces no había servicio educativo, así que acepté el encargo y empecé a trabajar con los jóvenes”, recordó en conversación con un medio de comunicación
Durante sus labores educativas, un grupo de reclusos le propuso formar una orquesta. Al inicio, la hermana dudó debido a la carga de trabajo, pero accedió tras ver el esfuerzo de los jóvenes, quienes fabricaron sus propios instrumentos con materiales reciclados como baldes, latas y tapas metálicas. “Crearon música con lo que tenían. Tocaron salsa y cumbia. Fue impresionante ver cómo lograron hacer arte”, contó.
Así nació “Los RQ por Cristo”, un proyecto que comenzó con pocos integrantes y hoy cuenta con 22 músicos internos. La primera generación de la orquesta ya cumplió su condena y algunos continúan dedicándose profesionalmente a la música. Con el paso del tiempo, la orquesta empezó a recibir apoyo de sacerdotes, benefactores y voluntarios. Uno de ellos donó 8 mil soles recaudados en sus bodas de plata sacerdotales para la compra de instrumentos.
La iniciativa ha tenido un impacto profundo en la vida de los internos. Varios de los que participaron en el proyecto han abandonado las actividades delictivas y se dedican ahora a la música. “Algunos jóvenes que nunca habían tocado un instrumento ahora son músicos talentosos. Uno de ellos, que estuvo involucrado en delitos graves, cambió completamente su vida gracias a la orquesta”, relató la religiosa.
Sin embargo, la hermana Rocío reconoce que la reintegración no es un proceso sencillo. “Deseo que cuando salgan encuentren oportunidades, que sus familias los reciban y que la sociedad confíe en ellos”, expresó. Con veinte años de labor social, la hermana Rocío Zapata continúa su misión dentro del penal, convencida de que la educación y el arte pueden transformar incluso los entornos más difíciles.


